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Patronazgos de la Virgen de los Dolores

La Virgen de los Dolores es una advocación que cuenta con gran número de devotos en países como España, Colombia, Argentina, Panamá, México, Italia y Portugal. 

 

 

Es la Patrona de Eslovaquia.

 

Muchas localidades españolas la tienen como Patrona del Municipio, algunos de estos serían:

 

De la Provincia de Granada:
  • Alomartes
  • Freila
  • Purchil
Alomartes (Granada)

Purchil (Granada)
De la Provincia de Málaga:
  • Valle de Abdalajís
  • Villanueva del Trabuco
Valle de Abdalajís (Málaga)

Villanueva del Trabuco (Málaga)
De la Provincia de Murcia:
  • Águilas
  • Aljucer
  • Blanca
  • Los Dolores de Beniaján
  • Dolores de Pacheco, Torre Pacheco
Águilas (Murcia)

Aljucer (Murcia)

Blanca (Murcia)

Los Dolores de Beniaján, Beniaján (Murcia)

Dolores de Pacheco, Torre Pacheco (Murcia)
 De la Provincia de Sevilla
  • Camas
  • La Rinconada
Camas (Sevilla)

La Rinconada (Sevilla)
 De Provincias varias
  • Arjona (Jaén)
  • Atienza (Guadalajara)
  • Dolores (Alicante)
  • El Real de San Vicente (Toledo)
  • Fuentelisendo (Burgos)
  • Lalín (Pontevedra)
  • Requena (Valencia)
  • San Martín de Couto, Taboada (Lugo)
  • Valenzuela (Córdoba)
Arjona (Jaén)

Atienza (Guadalajara)

Dolores (Alicante)

El Real de San Vicente (Toledo)

Lalín (Pontevedra)

Requena (Valencia)

Valenzuela (Córdoba)

Festividad del 15 de Septiembre: Virgen de los Dolores.

En la exhortación apostólica Marianis cultus, Pablo VI, después de destacar la presencia de la madre en el ciclo anual de los misterios del Hijo y las grandes fiestas marianas, presenta de este modo la memoria del 15 de septiembre: “Después de estas solemnidades se han de considerar, sobre todo, las celebraciones que conmemoran acontecimientos salvíficos, en los que la Virgen estuvo estrechamente vinculada al Hijo, como... la memoria de la Virgen Dolorosa (15 de septiembre), ocasión propicia para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación y para venerar junto con el Hijo exaltado en la cruz a la madre que comparte su dolor”.



El día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la Iglesia celebra la compasión de aquella que se mantuvo fiel junto a la Cruz. Esta memoria tiene un formulario propio con trozos bíblicos y textos eucológicos, para la celebración eucarística y partes propias para la liturgia de las horas. 



En la hora de la redención, Dios quiso que estuviera presente la Madre de su Hijo y que participara de su obra. La referencia tan clara al evangelio de Juan (19, 25; 3,14-15; 8,28; 12,32) da a las breves frases iniciales aquella luz de Resurrección que el evangelista quiso derramar en el relato de la pasión y muerte de Cristo. La Cruz, además de ser instrumento de dolor, es sobre todo un trono de gloria. La madre participa de esta luz. 



La Liturgia del 15 de septiembre imprime un carácter de glorificación al misterio del dolor de María.

En Caná anticipó como Madre la inauguración del misterio del Hijo, invitándole a realizar el primero de los “signos”. Al mismo tiempo, María hizo anticipar también con esto aquella hora que se mostró en toda su luz cuando el Hijo del Hombre reinó desde el madero y derramó la salvación sobre toda la humanidad. Además, aquella hora, en la que el Hijo prescindió de su madre, la Virgen se reveló como madre de todos, como Madre de la Iglesia.



No sólo como madre está íntimamente unida al dolor de Cristo, sino que lo está como creyente bienaventurada que ve vacilar los fundamentos de su fe con la pasión y la muerte.



Surge espontáneamente el recuerdo de Simeón, que había profetizado ya en este sentido: “Una espada atravesará tu alma” y el recuerdo de su vida de fe que la había ido preparando para esta realidad: admirable expresión de los futuros fieles auténticos, que aun en medio del sufrimiento esperan únicamente en aquel que murió y resucitó. 



Esta madre es la primera que ofrece su colaboración personal para completar la pasión de Cristo en favor de la iglesia. De esta forma la madre se convierte para la Iglesia, que sigue luchando aún contra el dragón, esperando la glorificación final, en signo de una esperanza cierta y en motivo de estímulo.



Pinturas de la Virgen Dolorosa

La Santísima Virgen, Madre de Jesucristo, es y ha sido siempre un tema muy utilizado en el arte, como por ejemplo el pictórico.

Muchos pintores quisieron plasmarla como dolorosa por la muerte del Señor.



Una pequeñísima pincelada de ello son las siguientes pinturas.

Obra anónima

Obra de Antonio Sánchez Palma


Obra de Manuel Fernández Acevedo


Obra de Murillo


Obra de Tiziano


Obra de la Escuela Qusqueña


Obra de Luis de Morales


Obra de Dalí


Obras de Luis de Morales




EL DESARROLLO DE LAS COFRADÍAS HASTA LA DÉCADA DE LOS 90

Santa Cruz de la Palma (Canarias)
1) La plenitud medieval, siglos XII y XIII.

Fueron unos siglos eminentemente cofradieros con la fundación y desarrollo de las cofradías de santos, las cofradías de María bajo múltiples advocaciones tanto en relación con sus misterios, sus gracias y favores, como en relación con los lugares donde estaba la imagen y, muy pocas cofradías bajo la advocación de Cristo.

Podríamos destacar varios tipos:

- Las cofradías de devoción a los santos protectores, patronos, abogados, defensores.

- Las cofradías que reunían a las gentes de un mismo oficio o profesión bajo la advocación del santo protector del oficio: zapateros, médicos, cirujanos, correeros, peliteros (o pellejeros), mercaderes, sastres, laneros…Alguna de estas cofradías tuvo como abogada y patrona a María en sus diferentes advocaciones.

- Las cofradías que agrupaban las gentes del mismo estamento social: caballeros, hidalgos, escuderos, pecheros, gentes de la misma región….

A caballo entre profesión y estamento social el orden de los clérigos, la aparición y desarrollo de las cofradías de clérigos, de canónigos, de beneficiados, de racioneros y otras denominaciones, por ejemplo, de los ciento, en este caso por razón del número.

2) La Baja Edad Media, los siglos XIV y XV. El cambio del sentimiento religioso. Jesucristo en el horizonte devocional.

Perdurando los tipos y modos de cofradías anteriores se produce una gran novedad: Jesucristo, su vida de Belén al Calvario, su Pasión y Muerte, llena la vida devocional.

Durante estos dos siglos se cree que aún no se funda cofradía alguna de las denominadas de Semana Santa, pero son los siglos durante los cuales se gesta esta nueva devoción.

Sí se fundan, y en este caso por expreso deseo de la Jerarquía Eclesiástica, después de la celebración del Concilio de Vienne, 1311-1317 (XV Concilio Ecuménico), las cofradías del Corpus Christi, del Cuerpo de Cristo o del Cuerpo de Dios.

Otras cofradías del siglo XV serán las que se fundaron para el entierro de los difuntos como las cofradías de Santa María en algunas parroquias, cofradías de la Caridad o Santa Caridad para el entierro de los muertos y cadáveres abandonados. También aparecen las cofradías de la Misericordia para ayudar a los diferentes necesitados y a los
enfermos.

3) El siglo XVI como el siglo de la aparición y expansión de las cofradías de Semana Santa o de Pasión.

Son fruto de todo el movimiento pasionista de los siglos XIII, XIV y XV.

Son el resultado del movimiento reformista que busca un cristianismo más auténtico desde comienzos del siglo XVI y que llega a diferentes partes de España. Más en concreto son fruto de la presencia del mensaje erasmíano. Son el efecto de las predicaciones de los grandes predicadores que recorren España. Son la consecuencia de la carta del Dr. Ortiz que contenía el vivac vocis oraculo del Papa Paulo III a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Toledo en 1536. Son fruto, finalmente, del final del Concilio de Trento (1545-1564). No es extraño que el siglo XVI se convirtiera en el del gran movimiento de fundación y auge de las cofradías de Crucificado.

Los siglos siguientes vivirán para mantener esta gran explosión de cofradías cristíferas, cuya vida se prolongará por la influencia de diferentes motivos intrínsecos y extrínsecos a la misma religiosidad cristiana.

Sólo el actual siglo XX, después de la Guerra Civil de 1936 a 1939, cobra un ímpetu fundador o refundador de cofradías de Semana Santa o de Pasión, explicable por otras razones que ya no las del siglo XVI.

Durante el siglo XVI, además de estas cofradías cristíferas de Semana Santa, se mantuvieron los tipos anteriormente expuestos, especialmente las de Santa Caridad y Misericordia y se fundaron otras nuevas. Hemos de destacar de manera especial la aparición de las cofradías del Santísimo Sacramento que tuvieron como gran inspiradora a Teresa Enríquez (+1529).

También surgen las cofradías del Rosario, pero el gran movimiento rosariano será de los siglos XVII y XVIII.

4) El siglo XVII. El cambio producido por la llegada de la época barroca. El siglo del Nazareno.

En primer lugar se detiene el ímpetu fundador de cofradías cristíferas y comienza una época de fusiones y reorganizaciones de cofradías.

En segundo lugar, mientras que la fundación de cofradías en torno al Crucificado decae, la fundación de cofradías en torno al Nazareno, que había sido ya relativamente alta durante el siglo XVI, se mantiene o cobra un cierto auge.

Pero un hecho invade la religiosidad en general y, también, la religiosidad de las cofradías de Semana Santa o de Pasión, es el barroco y el barroquismo. Es el triunfo de un modo de vivir brillante y ostentoso, es el triunfo de la forma, de lo externo, es un modo de vivir resultante y en consecuencia con el poder de los grandes monarcas, con la fluyente riqueza de los Estados, con la próspera situación del Cristianismo que obtiene una vida pujante a partir del triunfo de Trento y la Contrarreforma. Es un modo de vivir que se manifiesta en todos los aspectos de la vida, que lo apreciamos claramente en el arte, pero que influye en la religiosidad y, por ello, también, en las cofradías.

En general, pensamos, que la cofradía barroca es la misma cofradía penitencial, de disciplina o de sangre del siglo XVI, que pierde austeridad, que avanza por el camino del boato y de la esplendidez y deriva hacia situaciones festivas, no muy en consonancia con la contemplación e imitación de la Pasión de Cristo.


Otras devociones, populares y elitistas, pudieron llenar los huecos religiosos del pueblo al que comenzaban a no satisfacer las cofradías en torno a la Pasión y Muerte de Cristo.

A nivel popular durante el siglo XVII se configuró de modo definitivo la vertiente mariana de la piedad hispana. Primero, en la primera mitad del siglo, con la explosión concepcionista y más tarde, con el auge de los rosarios públicos.

Todo ello dejó, también, su impronta en las cofradías de Semana Santa que acentuaron su devoción mariana y la presencia de las imágenes de María en ellas.

Un último hecho es la crisis general de la España de la segunda mitad del siglo XVII que pudo influir en las cofradías de Semana Santa que entraron en una cierta crisis material.

Abla (Almería)
5) Una continuación de lo anterior con una cierta recuperación, al menos, formal, exterior y material de las cofradías de Semana Santa durante los primeros 75 años del siglo XVIII.

La piedad, en general, sigue siendo barroca y sentimental y dentro de estos cauces se propaga con fuerza irresistible, precisamente cuando los estudios serios de Teología acusaban una progresiva decadencia.

Las cofradías de Semana Santa tienen una vida irregular dependiendo de su situación material que pudo durante estos años mejorar. En general, prosigue la tendencia anotada para el siglo XVII, con un auge en las cofradías de Jesús Nazareno.

Ahora las devociones pasionales se tendrán que enfrentar con nuevas devociones.

En 1703 predica el capuchino fray Isidoro de Sevilla la devoción a la Divina Pastora. Acogida al principio con sorpresa y algunas protestas, alcanzó luego bastante popularidad, aunque no la universalidad de las marianas del siglo XVII. Pero surgieron otras nuevas o se renovaron en toda España en la misma línea barroca y sentimental: la devoción a las Ánimas del Purgatorio, al Corazón de Jesús, a San José, a San Antonio de Padua.

6) El siglo de las crisis en las cofradías de Semana Santa, 1768-1874.

Desde la llegada del reinado de Carlos III (1759-1783) hasta la restauración borbónica de Alfonso XII en 1874, vivieron las cofradías en general y, especialmente, las de Semana Santa una serie de crisis, que aunque no fueron permanentes, si dejaron huella.

La primera fue la Crisis Institucional. El Gobierno pidió una relación de las hermandades y cofradías y demás congregaciones y gremios.

Las disposiciones del Gobierno tuvieron sus efectos. Se suprimieron muchos excesos y todas las cofradías, si querían que continuase su existencia, se vieron en la obligación de renovar sus reglas y presentarlas a la aprobación del Consejo Supremo de Castilla. La política de Carlos III se continuaría durante el reinado de Carlos IV (1788-1808) bajo cuyo gobierno comenzaría una política desamortizadora.

La segunda crisis coincide con la presencia francesa y la guerra de la independencia (1808-1814) con los saqueos efectuados por los franceses.

La tercera crisis se alarga durante los reinados de Fernando VII (1814-1833) e Isabel II (1833-1874) con momentos de auge y de crisis intensa, según que el país fuera gobernado por los liberales o los conservadores.

De 1814 a 1820, período de restauración absolutista radical, las hermandades y cofradías comenzaron a recuperarse.

De 1820 a 1823 se extiende el Trienio Liberal y Constitucional, las autoridades locales prohibieron la salida procesional de las cofradías durante seis años, de 1820 a 1825.

La década de 1823 a 1833 fue moderada, los desfiles procesionales de las cofradías de Semana Santa aumentan considerablemente con excepción de un año, 1831.

Cuando Isabel II llegó al trono en 1833 era una niña de tres años. Comienza, pues, su reinado con un período de regencia que duró diez años (hasta 1843) en los que volvió la revolución liberal-burguesa. Se disuelven las órdenes Religiosas y se las despoja de sus bienes, en 1835, con lo que se cierran muchas iglesias. Se avanza en el proceso desamortizador hispano. Fueron años duros para las cofradías. En mayo de 1844, con Narváez en el poder, comenzaba la gran época moderada, período de veinticinco años muy favorable para la vida de las cofradías.

De 1868 a 1874, el Sexenio Revolucionario, la Historia de España se vive de prisa en un torbellino de acontecimientos como la expatriación de Isabel II, Amadeo I Rey de España, la primera república, hasta que el 29 de diciembre de 1874 era proclamado Rey Alfonso XII.

Para el mundo cofradiero fueron aquéllos unos años difíciles con momentos muy duros y otros pintorescos. Por primera vez en su historia, las cofradías de Semana Santa de la ciudad de Sevilla fueron subvencionadas por orden del Gobierno de la Nación, que no quería que Sevilla se quedara sin sus desfiles cofradieros. La política comenzaba a preocuparse por las cofradías, desde el punto de vista de la religión y del cristianismo todo un mal síntoma. Las cofradías dejaban de ser la manifestación de la religiosidad de un pueblo para comenzar a ser una de las o la manifestación cultural de ese mismo pueblo.

7) El desarrollo creciente de las cofradías románticas, 1875-1930.

Las cofradías se identifican con el pueblo, con el barrio de la ciudad y comienzan a sentirse más expresión cultural de ese pueblo de gusto refinado, amante de lo estéticamente bello, que manifestación religiosa de un pueblo que contempla e imita y, de este modo, celebra la Pasión y Muerte de Jesús, el Hijo de Dios.

Si a esto le añadimos la situación político-social, se nos aclararan muchas preguntas sobre lo que pasó pocos años después. En la España de aquellos años el caciquismo era muy grande, el republicanismo carecía de fuerza, el socialismo no conseguiría sacar candidatos hasta 1919, pero la inmensa mayoría de los jornaleros profesaban el credo anarquista y no participaban en el juego electoral. En general, el régimen político de la Restauración benefició a las clases dirigentes.

La etapa romántica con toda su exultante restauración cofradiera no fue sino la puerta mejor abierta para la catástrofe que llegó inmediatamente después.

8) La catástrofe cofradiera de los años treinta.

Los sucesos en los que se vio envuelta la Iglesia Hispana en general y, en concreto, sus hermandades y cofradías, durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil de 1936 a 1939, fueron una verdadera catástrofe religiosa y eclesiástica.

Se quemaron imágenes, o se quemó la iglesia con todas sus pertenencias, o se salvaron las imágenes a pesar de ser quemada la iglesia o la ermita porque se ocultaron, o se intentó quemar la iglesia y las imágenes pero fueron defendidas por algún valiente mosquetón en mano, el menor de los casos.

9) La reacción de la post-guerra, 1940-1970.

Fue una verdadera reacción a los sucesos de los años treinta aunque una reacción manejada.

No todo fue una justa reacción religiosa, la política o el gobierno entonces en el poder supo meter su mano y hacerse muy presente en este resurgir cofradiero.

10) El parón conciliar, 1970-1980.

Es bien sabido que las líneas orientativas del Concilio Vaticano II, 1962-1965, ni nacieron del pensamiento teológico o pastoralista hispano, ni fueron en la dirección del cristianismo que se practicaba en España.

Supuso la implantación de una religiosidad intelectual, esencial, pura, despojada de elementos accesorios, preocupada por la construcción del mundo, más que por el culto público a la divinidad. Una liturgia y sus manifestaciones en el mismo sentido, con unos textos de la Sagrada Escritura y de la liturgia, traducidos a la lengua vulgar para que se entiendan y lograr, así, que desaparezca el aspecto mágico. Una Liturgia centrada en los elementos esenciales litúrgicos, los sacramentos, la Eucaristía, despreciando los elementos o manifestaciones menos o nada litúrgicos como procesiones, romerías, cofradías. Una religiosidad y liturgia centroeuropea frente a una religiosidad y liturgia, al menos en lo popular, hispana.

En 1973 se celebró en Sevilla un Sínodo Diocesano que intentó traer a la problemática especial hispalense las doctrinas del Concilio Vaticano II. El tema de las Asociaciones de laicos se concretó en un conjunto de criterios de renovación y compromisos para procurar una mayor formación religiosa, un dinamismo evangelizador y catequético, un testimonio apostólico claro y una depuración de elementos y manifestaciones externas, como lujos y joyas, estrenos innecesarios, nombramientos honoríficos, conservando las expresiones de la religiosidad popular que no estuviesen vinculadas a errores definidos por la competente autoridad.

11) La religiosidad popular, 1980 en adelante.

Un nuevo hecho tiene lugar en la España de los años 80, el despertar y aprovechamiento de la religiosidad popular.

Ya el mismo Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia admite la incorporación de los elementos populares e indígenas a la liturgia. Estos elementos van a ser defendidos desde otras instancias, desde la política izquierdista hispana, que se apoyan en el pensamiento del italiano Antonio Gramsci (1891-1937).

En 1982 el PSOE ganaba las elecciones generales y comenzaba a gobernar España. Sus dirigentes comprendieron que el cristianismo estaba tan arraigado entre los españoles, que no podían enfrentarse de nuevo con él, pues se volvería a la situación de 1931. Era necesario, pues, dar un rodeo, minar, manipular la religión cristiana y sus instituciones, llevarla, reconducirla a sus intereses y, así, sería todo más fácil.

Con el triunfo del PSOE coincide la vuelta en España hacia la religiosidad popular. El PSOE se ha convertido en su gran defensor, no en cuanto religiosidad, sino en cuanto popular, convirtiendo la religión o la religiosidad en una cultura popular, propia del pueblo, no de la Iglesia, y menos de la Jerarquía Eclesiástica. Con ello pretende obtener puntos de ventaja sobre la misma Iglesia, o al menos sobre la Jerarquía Eclesiástica ante el pueblo amante de lo suyo y de sus tradiciones, pues la Iglesia postconciliar luchó contra las manifestaciones populares mientras que el PSOE las defiende.

A remolque del pueblo y de los defensores de lo popular y de lo religioso-popular, la Jerarquía Eclesiástica, al darse cuenta de que esa religiosidad popular se les escapa y podía ser utilizada contra la Iglesia Católica, comenzó a girar hacia ella lentamente.

12) Un porvenir cristiano.

No hay una cofradía sin una preocupación social o benéfico-asistencial muy seria. No hay una hermandad o cofradía sin una bolsa de caridad, sin una obra asistencial de gran calado que se está llevado cada día adelante, sin una atención diaria a las necesidades de sus hermanos y cofrades y de todas las gentes que vienen a pedirles una ayuda.

Las hermandades y cofradías han entrado en un camino de búsqueda de una auténtica espiritualidad, la suya propia, pero proyectada a las necesidades de este siglo que agoniza y de un nuevo milenio que comienza.

Fuente: http://www.hermandades-de-sevilla.org/hermandades/historiahermandades.htm

Villacarrillo (Jaén)

Imaginería actual

La imaginería del siglo XX

 

En el siglo XIX continúa la tradición de los imagineros, más cercana a la artesanía que a la escultura.

En el caso de Zamora, Ramón Álvarez, continuando la esencia de la escuela castellana de Gregorio Fernández, realiza grades obras para las cofradías de la ciudad, creando un nuevo estilo en materiales, continuado por sus grandes discípulos.
Obra de Ramón Álvarez - Virgen de la Soledad de Zamora
Pero en el siglo XX, un puñado de nombres acercan la imaginería a la escultura contemporánea, dándole un nuevo enfoque, alejándose del barroquismo y siguiendo unos cánones neoclásicos, cada uno con su estilo personal:

Los valencianos, Mariano Benlliure, Pío Mollar Franch, José Capuz y Juan Adsuara.
Obra de Mariano Benlliure - Virgen de los Dolores de Villanueva de la Serena (Badajoz)

Obra de Pío Mollar Franch - Virgen del Rocío de Málaga

Obra de José Capuz - Virgen de los Dolores de Lorca (Murcia)
Los andaluces, Antonio León Ortega, Castillo Lastrucci, Francisco Palma Burgos, Luis Ortega Bru, Luis Álvarez Duarte y Niceto Mateos.
Obra de Antonio León Ortega - Virgen del Rosario de Huelva

Obra de Francisco Palma Burgos - Virgen de los Dolores de Linares (Jaén)

Obra de Luis Ortega Bru - Virgen de la Salud de Sevilla

Obra de Luis Álvarez Duarte - Virgen del Rosario de Sevilla
El catalán Inocencio Soriano Montagut.
Obra de Inocencio Soriano Montagut - Virgen nde los Dolores de Zamora
El extremeño Juan de Ávalos.
Obra de Juan de Ávalos - Virgen de la Soledad
Los castellanos, Venancio Blanco, Quintín de la Torre, Luis Marco Pérez, Damián Villar, Francisco González Macías y Federico Coullaut-Valera.
Obra de Luis Marco Pérez - Virgen de la Soledad de Ciudad Real

Obra de Damián Villar - Virgen de la Esperanza de Salamanca

Obra de Federico Coullaut-Valera - Virgen de la Soledad de Cuenca
Y el canario Ezequiel de León Domínguez.
Obra de Ezequiel de León Domínguez - Virgen de la Soledad de Los Silos (Canarias)
 Otros también conocidos por sus obras serían:


-         Juan Manuel Miñarro
-         Javier Roan
-         Antonio José Rodríguez Martínez
-         Francisco Romero Zafra
-         Israel Cornejo
-         Juan Ventura
-         Pedro Pérez Hidalgo


Obra de Juan Manuel Miñarro - Virgen de la Caridad de Rota (Cádiz)

Obra de Javier Roan - Virgen de la Esperanza de Sevilla


Obra de Antonio José Rodríguez Martínez - Virgen de la Salud de Alcazar de San Juan (Ciudad Real)


Obra de Francisco Romero Zafra - Virgen de las Aguas de Guimar (Canarias)

Obra de Israel Cornejo - Virgen de la Esperanza de Velez-Málaga (Málaga)

Obra de Juan Ventura - Virgen de los Ángeles de Palma de Mallorca (Mallorca)


Obra de Pedro Pérez Hidalgo - Virgen de la Caridad y Piedad de Jódar (Jaén)

Obra de Pedro Pérez Hidalgo - Virgen dela Fe y Amor de Jaén
 
Obra de Pedro Pérez Hidalgo - Virgen de los Dolores de Alhaurín de la Torre (Málaga)

Obra de Pedro Pérez Hidalgo - Virgen del Calvario de Jódar (Jaén)

Obra de Pedro Pérez Hidalgo - Virgen del Mayor Dolor de Alhaurín el Grande (Málaga)

Obra de Pedro Pérez Hidalgo - Virgen delos Dolores de Mataró (Barcelona)

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